HOMENAJE AL PADRE DEL MUSICAL MODERNO ¡HASTA SIEMPRE STEPHEN SONDHEIM!

Stephen Sondheim: El padre del musical moderno

No podíamos dejar de homenajear al padre del musical moderno, a uno de los últimos grandes creadores de nuestra industria. El mítico compositor y letrista estadounidense murió en noviembre del año pasado, en su casa de Connecticut, Estados Unidos, a los 91 años, y significó una pérdida invaluable para el género musical. Stephen Sondheim fue un hombre que durante seis décadas demostró lo que se podía hacer con el género y ha influido en prácticamente todos aquellos que le han seguido la pista. 

Es por eso que, para esta sentida celebración, hemos invitado a dos personajes de nuestra industria que realmente han sabido interpretarlo y disfrutarlo. Sondheim, en las palabras de Ricky Pashkus y Pablo Gorlero.


Exactamente bello
Por Ricky Pashkus

Pocas veces tuve una experiencia tan enriquecedora como la que tuve con “Sweeney Todd”. El maestro Alberto Favero, Julio Chávez y cada uno de los que formaron parte de ese gran proyecto. Mi historia ahí dio un giro importantísimo. Fui más hondo al nadar.

Stephen Sondheim era una invitación a ir más hondo y que ese viaje fuera divertido. Es el creador que más lejos llegó en la creación dentro del teatro musical. Todas sus obras al entrelazar letra y música se transforman en la quinta esencia del teatro musical. La integración en el fondo del mar, y no como un entrelazado superficial.

Sin duda, todos podemos y debemos agradecer haber sido contemporáneos a él, pues comprendimos cosas del género que le dan una potencia y jerarquía superior.

Es un ejemplo de éxito ÚNICO. 

No es un éxito de taquilla. No es éxito por diversión.

Stephen Sondheim fue el emblema del mayor éxito que puede tener una obra de teatro musical… Ser exactamente bella.

Chapeau.

 

Sofisticado y sensible
Por Pablo Gorlero

“Un buen crítico es el que reconoce las intenciones del artista y las aspiraciones de la obra, y la juzga por ellas y no por lo que serían sus propios objetivos. Un buen crítico es tan apasionado que puede persuadirte de ir a ver algo que nunca habrías imaginado que fueras a ver. Un buen crítico proporciona una lectura amena. Un buen crítico es difícil de encontrar. Pero ya no es necesario encontrar un buen crítico: los chismosos del espectáculo los han reemplazado”. Lo escribió Stephen Sondheim y demuestra perfectamente su pensamiento. 

 

Para muchos es cool hablar de Sondheim, pero muchas veces se ignora el porqué de su fama, un reconocimiento que le llegó de manera tardía, en cuentagotas. Porque como todos los genios, al principio Broadway lo observaba de soslayo, admitiendo su talento, pero dudando de su efectividad en un género que muchas veces pretende más estar cerca del entretenimiento (el show, palabra que tanto les gusta a los norteamericanos), que al hecho teatral. Pero con el tiempo sus obras, que no habían sido grandes éxitos precisamente (Company, Follies, A Little Night Music, Sweeney Todd, Into The Woods…) comenzaron a ser motivo de estudio y de veneración.

En el mundo de los musicales norteamericanos, él es indiscutiblemente el mejor, el más brillante y el mayor referente que surgió durante los últimos cincuenta años. Sondheim no solía comenzar una partitura hasta que el libro estuviera hecho y hasta tener idea del tipo de montaje que haría la dirección, eso es lo que liberaba su creatividad: el hecho teatral. En muchas de sus obras supo ponerle un velo casi expresionista al realismo del tema tratado. 

Él implantó un estilo que conservaría siempre: mantenerse bien alejado de la obviedad. Sus canciones son una exquisitez y, sin dudas, lo imponen como el mejor exponente del género, aquel que hace música en forma académica sin perder de vista que será parte de una obra dramática, que pondrá teatralidad en sus melodías. Sondheim es cuidadoso, imaginativo, fresco, vital, gracioso e inteligente. Sus letras son entretenidas, sabias y están impuestas a una música de gran belleza, donde la armonía rige. 

A él no le importaba que el público saliera o no tarareando sus canciones. No ocurría. No era su finalidad. No componía para vender discos, sino para el hecho teatral. Sus partituras están compuestas casi matemáticamente, con melodías que no son fáciles de reconocer y sobre armonías sofisticadas. Sus trabajos tienen guiños reconocibles, sí.Amante de las polifonías, acostumbraba apurar rítmicamente la frase melódica y, así, desafiar la habilidad interpretativa del artista. Por eso prefería actores antes que a magníficos cantantes.

Stephen Sondheim enriqueció lo establecido y creó nuevas formas. Todas las partituras de sus obras fueron distintas, pero en cada una de ellas puede reconocerse su impronta. Sofisticado, sí. Pero logró darle un revés al show business, a través de la perdurabilidad de su obra maestra, del guiño poético y pícaro con el espectador y del quiebre permanente de la estructura convencional de la obra musical. Definitivamente, Sondheim cambió las formas y las condiciones de hacer musicales en Broadway. Por eso hoy lo veneramos y será el prócer de un género maravilloso que le corresponde al arte dramático.