Graciela Pal es una de las actrices más queribles del medio. Con una trayectoria impecable en Teatro y Televisión, amada y querida por el publico y sus compañeros. ¿Podés creer que muchos me dicen “Mamá Pal”? dice entre risas. Su último gran trabajo fue Cabaret donde interpreto a Fräulein Schneider de la mano de Flor Peña y Mike Amigorena, “Fue una experiencia de oro” recuerda de la obra que bajo unos días previos al cierre por el COVID. Hoy, en cuarentena, espera la vuelta al teatro “Tengo proyectos, el teatro nunca va morir” dice esperanzada. En el día de la primavera cumplió años, y festejo, como se festeja en estos tiempos, con su nieta, Amparito y su hija, Manu Pal por videollamada. Una actriz de RAZA, única y con una gran sensiblidad. Con ustedes… Graciela Pal!


¿Qué significa el musical en tu vida?

Fue un gran descubrimiento. No los espectáculos musicales de los que venia acostumbrada de España y había hecho varios con artistas internacionales. Cuando llegué a Argentina y conocí la comedia musical con su disciplina, sus eternos ensayos y resultados maravillosos, ahí la descubrí. Es un nuevo nacimiento en mi de lo que siempre fue el teatro y un gran crecimiento. Se completa un artista haciendo un musical.

Graciela Pal

Por Guido Zaffora

Hiciste Aquí no Podemos Hacerlo, una de las obras emblemáticas del teatro musical Argentino ¿Cómo fue esa experiencia?

Fue una revolución. Un año entero ensayamos en el sótano de la abuela de Sandra Mianovich, una hermosa compañera. Con Pepito Cibrian a la cabeza, Ana Itelman en la coreografía y Luis Maria Serra en la música. ¡Un año entero ensayando!, además el recuerdo de todos mis compañeros, que fueron maravillosos. Dalma Milevos, Ana María Cores, Enrique Quintanilla, Ricky Pashkus, Debora Warren, Edgardo Moreira. Fue como hacer el servicio militar, Pepe era muy estricto en ese momento, no era el dulce Pepe que conocemos hoy. Tenía un carácter muy fuerte y un talento a nivel del carácter. Ninguno de nosotros teníamos formación de danza, y bailamos todos y bien (risas). Además yo no era cantante profesional, aunque cantaba. Fue una experiencia única e inolvidable.

Fuiste parte de El diluvio que viene donde interpretaste a Consuelo, ¿Cuáles son los recuerdos de ese proceso?

La primera versión que se hizo fue la comedia musical más hermosa que tuvo nuestro país, con el arca, el vestuario que se trajo de España, las pelucas hechas a medida y la escenografía impresionante. El final con la paloma, ese mensaje hermoso cuando cantábamos “Un nuevo sitio disponed para un amigo más”. Fue un proceso arduo y la hicimos 5 años, cambiamos muchos teatros. El día del pre estreno se nos incendio el Teatro Avenida, fue un incendio voraz. No lo podíamos creer, con tanta ilusión que habíamos puesto. Por suerte no se quemo la escenografía, entonces Romay al poco tiempo nos cedió El Teatro Nacional y estrenamos con mucho éxito. Después nos fuimos al Lola Membrives y terminamos en el Teatro Astral. Entre Diluvio y Diluvio nació Manuela, vivió funciones en mi panza y en cuanto pude volví al teatro y como coincidió con un cambio de teatro, no falte nunca. Fue una experiencia larga y feliz. El día del debut recuerdo que estaban todas las estrellas de Buenos Aires y el aplauso final fue largo, todos llorábamos.

Terminaste una temporada exitosa con Cabaret ¿Qué fue lo mejor que te dejo la obra?

Amigos y la sensación de haber hecho algo muy bueno. Creció mi admiración por muchísimos compañeros. El equipo artístico y técnico, muy profesionales. Trabajar con Gardelin (el director musical), Tolcachir (director) fue hermoso, Alberto Negrin que dejo el Liceo como un auténtico Cabaret. Un proyecto que me dio muchas satisfacciones.

¿Que consejo le darías a un artista en formación?

Que ame mucho lo que hace sino que se dedique a otra cosa. Es un camino duro, difícil, lleno de piedras en el camino pero tan maravilloso cuando uno puede realizarse que vale la pena.

Trabajaste en todas las novelas más exitosas, con todas las heroínas y galanes, ¿Por cuál te recuerda más el público?

Tengo un carrerón hecho en novelas. Tengo hijas e hijos de novelas, algunos como Araceli que me dicen “Mamá Pal”. Quiero mucho a los actores y actrices con los que he compartido. Amo mis compañeros. Mucha gente me dice “Cachita” por Celeste, era la confidente de Celeste. Era la cocinera de esa mansión. De cada novela tengo un recuerdo y de cada una tengo un amigo.

Generaste un vinculo de mucho amor con Romina Yan…

Sí, me emociona mucho recordarla siempre. Fue un vínculo de mucho amor. Una relación de mucho cariño y respeto, éramos amigas. A veces parecíamos dos amigas de la misma edad y otras era como su madre, porque teníamos todo tipo de charlas. Es un ser de luz que está conmigo. Esta con todo el que la recuerda, pero la siento muy cercana.

¿Cómo ves la nueva iniciativa de los actores jóvenes con ACTA?

Estoy sumamente orgullosa porque mi hija pertenece a la comisión directiva. Además de tener jóvenes tan inteligentes y con iniciativa, con ganas de hacer por todos. Están haciendo una patriada. Trabajan intensamente, además piensan y tratan de mejorar. No tienen tendencia política y lejos de opacar a una entidad, quieren trabajar en parelelo. Desean que las cosas se hagan bien y en conjunto. Aceptando opiniones y consejos. ACTA es un orgullo.

¿Cómo estas viviendo esta cuarentena? ¿Descubriste algún talento oculto??

Siento que estoy en una película de ciencia ficción. Vivo con miedo, los horarios cambiados, tengo otros tiempos. Hay como una relajación en horarios y costumbres, pero el miedo está. Más allá del covid, la violencia en las calles y no me quiero meter en la parte económica porque todos saben que estamos pasando un mal momento. Me da miedo la violencia de la gente, la impunidad, la inseguridad. Eso me aterra tanto como el virus. Es impensado, uno que tiene tantos años, la vida no consiste en esto. Nunca lo imaginé, pero para cualquier edad la vida ha cambiado. Espero que esto pase pronto.

¿Qué extrañas de tu vida cotidiana?

Extraño ver a mi hija y a mi nieta, a la gente que amo. Por suerte convivimos con Eduardo en nuestra casa, tenemos nuestros espacios propios y extrañamos mucho a Amparito. Todos a todos. Esto de estar aislando es muy feo. Trato de tomar todos los recaudos. Por suerte, y agradezco tengo un techo y comida, además mi gran compañero, Eduardo.

¿Cómo pensás la vuelta al teatro?

Se me desdibuja un poco, tengo proyectos pero lo veo lejano. El streaming es muy “mono” pero para el actor trabajar sin público es muy raro. De hecho cuando hay poco público en la sala te cuesta remontar porque a uno le gusta que lo vean muchas almas. La tele tiene otro encanto porque no tenes el público pero tenes a la técnica que es tu complice, si terminas una buena escena te aplauden y si te equivocas se ríen con vos. El teatro sin gente debe ser muy raro pero sé que va volver, el teatro no muere. Lo espero con los brazos abiertos. Cuando nos dijeron que bajamos antes en Cabaret fue un dolor inmenso. La despedida más triste. Fue de golpe, acortaron Cabaret que fue una de las cosas más hermosas que hice en mi vida, y por ser la última es la más presente. Tuve uno compañeros divinos, nunca hubo pelea ni discusiones, más que alegrías y deseo de vernos todos los días. Fueron muy generosos Florencia (Peña) y Mike (Amigorena) y la producción de Gustavo Yankelevich. Un equipo de oro.