Miedo  a fracasar. 

Miedo a triunfar. 

Muchas veces escuche que alguien hablaba del miedo a fracasar y otras que se sentía boicoteando sus proyectos por miedo a triunfar. Influencias del psicoanálisis. 

No creo que  esos miedos sean verdaderos miedos. El miedo tapa la falta de deseo. El deseo, cuando es inconsistente, encuentra en el miedo una justificación para no desarrollarse.   

La palabra miedo está sobre–utilizada. Las palabras nombran cosas y conceptos, reiterarlas crea el efecto deseado de saturación pero también les quita sentido.

Lo sobre-nombrado enmascara la inconsistencia y la falta de significado.

El miedo existe en todo ser humano que no sea loco. Hoy en plena pandemia aparecen otros miedos. Miedo al virus. Miedo a la catástrofe económica. Miedo a la cuarentena eterna. Miedo a que se levante la cuarentena. Miedo a que suba la cantidad de muertos. Miedo a que perdamos la libertad. Y así podría seguir nombrando los nuevos miedos. Muchos de esos  miedos, por no decir todos, son genuinos.

El poder lo sabe. Los comunicadores lo saben. El tema es la  reiteración. Al reiterar hay dos posibilidades, una  es dejar  de  tener miedo y  no escucharla más y la otra es más bien sentir un miedo irracional que no proviene del origen de lo nombrado sino de la mera reiteración, del apabullamiento.

Frases como: “Lo último en volver es la cultura”, “Los actores no somos esenciales”, “El teatro no volverá a ser lo que era” o “Solo rige la nueva normalidad”, son expresiones que dan miedo pero que no significan más que eso. Son frases reiteradas sin contenido. Se nombra indiscriminadamente aunque el contenido sea otro del que se expresa. 

Estaba mirando la televisión Española y se decía que viene la nueva normalidad al deporte, hablaban de deportistas de elite
pero no de deportes populares, se quejaban y sufrían la falta de apoyo financiero en este momento después  de la pandemia. 

¿Es eso lo que se puede llamar la nueva normalidad?
Prefiero, aunque me de miedo, saber que se acrecienta la profundización de las desigualdades sociales y tener miedo para luchar contra eso, enfrentándolo ,que llamarlo “la nueva normalidad”. 

Ahí se deja fijado que es definitivo y que eso es lo que les espera a los deportistas.
El título de la nota era “Se avecina la nueva normalidad 

en el arte”. Estoy seguro que los apocalípticos que auguraban, una vez más, la desaparición  del teatro deberán revisar sus 

profecías. Que los artistas callejeros en  algún tiempo  no usaran barbijo. Que el teatro volverá a sus edificios y a la vieja normalidad. Es negador no verlo cuando lo que fomentan es que es negador no ver la nueva normalidad. Me da miedo que el miedo que se desarrolla y encuentra tanta resonancia en nosotros. 

Cada uno con su reacción a cuestas. Las  frases dan miedo. Lo slogans dan miedo.

La incertidumbre da miedo. La reiteración constante de  los miedos nombrados, traen pánico paralizante y quitan contenido. Es puro miedo sin contenido. Nuestra tarea  como poetas, artistas o trabajadores del arte es descomponer una vez más las frases y las  palabras. De manera que no seamos portavoces de lo ya dicho. Es humano tener miedo. Pero así como la falta de  deseo potente se justifica con el miedo a fracasar, me da miedo que los que profetizan el apocalipsis lo hagan por que prefieren eso a seguir deseando.

Que el miedo sea mejor. Que sea una manera de justificar la incertidumbre o el desconcierto.   

Baruch Spinoza quizá diría que el miedo es lógico pero la pérdida de potencia es cobarde. Todo lo que no crece, decrece. Vaciar de sentido, reiterar frases es cobarde y profetiza que muchos temen no cumplir sus  deseos. 

Los que sientan la potencia del deseo no  repetirán y convivirán con el deseo y con el miedo. No es un año perdido para el teatro. No lo será. Es el año del miedo. Pero no será el futuro. 


EL AÑO DEL MIEDO

Por Ricky Pashkus